• Maite R. Ochotorena

Victory, una novela épica

Actualizado: 18 de oct de 2019

Se ha estrenado este pasado febrero, y está cosechando las mejores reseñas, pero... ¿qué sabes sobre esta obra? ¿Sabías que en un principio iba a ser una novela inspirada en la desaparición real de dos fragatas francesas en 1791? Así es, y de hecho me documenté a fondo sobre lo ocurrido a la expedición del famoso navegante francés La Pérouse, cuyos navíos acabaron naufragando en Vanikoro, una historia apasionante de supervivencia, plagada de relatos de esos que como escritora no podía olvidar.

A continuación te dejo el relato que aparece en Wikipedia al respecto, muy muy interesante Puedes leerlo completo aquí):


«La Pérouse se llamaba Jean François Galaup y fue escogido por el ministro de Marina, De Castries, y el rey Luis XVI para dirigir una expedición alrededor del mundo. La expedición zarpó de Brest en el año 1785 con dos navíos, la Boussole y l'Astrolabe. Entre los miembros de la expedición, había científicos, dibujantes e incluso sacerdotes, los cuales que contaban con una formación técnica. La expedición tenía numerosos objetivos: geográficos, científicos, etnológicos, económicos (prospección de las posibilidades de caza de ballenas o recolección de pieles), pero también tenía objetivos políticos y pretendía establecer bases francesas o de cooperación colonial con los aliados españoles (en las islas Filipinas).

Así pues, lo que se le propuso, fue un programa de exploración planetario en el Pacífico Norte y en el Pacífico Sur...

La expedición rodeó el Cabo de Hornos, realizó un informe sobre la colonia española de Chile y pasó por las islas de Pascua y de Hawaii, navegó hasta Alaska, en donde La Pérouse desembarcó cerca del Monte San Elías a finales de junio de 1786 y exploró los alrededores. Una barca y dos chalupas que transportaban 21 hombres se perdieron en las violentas corrientes de la bahía bautizada por La Pérouse como Puerto de los Franceses (hoy bahía Lituya). Luego, visitó Monterrey, donde examinó las misiones franciscanas y elaboró notas críticas en lo relativo al trato a los amerindios.

Volvió a atravesar el Pacífico, dirigiéndose a Macao, donde vendió las pieles que había comprado en Alaska, repartiendo los beneficios con su tripulación. El año siguiente, tras una visita a Manila, se dirigió hacia la costa noreste de Asia. Descubrió las islas Quelquepart (Jeju-do), que sólo habían sido visitadas una vez por Europeos, un grupo de holandeses que habían naufragado en 1635. Visitó la península de Corea, yendo después a Oku-Yeso (isla de Sajalín), donde descubrió la Isla Moneron.

Los habitantes de Hokkaidō le enseñaron un mapa, pero no fue capaz de encontrar el estrecho y puso rumbo al norte hacia la península de Kamchatka, a la que llegó en septiembre de 1787. Recibió instrucciones de París por medio de Barthélemy de Lesseps, vicecónsul de Francia en Kronstadt y tío del constructor del canal de Suez, para hacer un informe sobre la colonización de Australia.

Se detuvo luego en Samoa. Inmediatamente antes de su partida, los samoanos atacaron a sus hombres y dieron muerte a doce de ellos, entre los que estaba el segundo oficial de la expedición, Fleuriot de Langle, comandante de L'Astrolabe. Navegó a continuación hacia la bahía Botanique, en Sidney, donde llegó el 26 de enero de 1788, en el mismo momento en el que el capitán Arthur Phillip transfería la colonia en Port Jackson. Los británicos lo recibieron cortésmente, pero no pudieron proporcionarle alimento, ya que no disponían de recursos.

Entregó sus diarios y sus cartas para que fueran enviadas a Europa, y consiguió madera y agua fresca. Partió hacia Nueva Caledonia, las Islas Santa Cruz, las islas Salomón, el archipiélago de las Luisiadas y las costas del oeste y sur de Australia. No se le volvió a ver, ni a él ni a ninguno de sus hombres.

En mayo de 2005, se identificó oficialmente los restos que se habían encontrado cerca de Vanikoro (islas Salomón) en 1827 primero y luego en 1964, como los de la Boussole y l'Astrolabe. Un sextante que se encontró en uno de los restos llevaba la inscripción "Mercier" en una placa latón; el inventario de la Boussole indicaba la presencia de un sextante, que había proporcionado la Academia Real de Marina y que había sido fabricado por "sieur Mercier". Además, se habían descubierto restos de campamentos en la isla, y la tradición oral autóctona parece haber conservado la noción de un naufragio contemporáneo al de La Pérouse.»


¿Por qué entonces acabé desechando la idea original? Verás, cuando escribí el borrador inicial, hace ya nueve años (uffff...), acababa de terminar «La Sombra de Fourneau», que, como sabes, es el desenlace de «El Secreto de la Belle Nuit», y está ambientada... sí, en la misma época que Victory, en plena revolución francesa. Misma época, mismo país... Cuando retomé el borrador y lo revisé, me pareció que resultaba demasiado parecido, no me apetecía insistir en ese momento de la historia, y me daba la sensación de que a mis lectores les iba a parecer que estoy obsesionada con el tema. Por eso, y porque quería incluir otras cosas de mi cosecha, he decidido cambiarla de arriba abajo. Los personajes, sus motivaciones, la época —la adelanté al 1817—, el país, ¿qué tal Inglaterra, que era otra potencia naval? ¿Y qué tal si le añadía mi sello personal y además de ser una novela de aventura era también de misterio y suspense?

Fue así como rescaté del cajón y el olvido esta apasionante historia y la mejoré, pulí y terminé, hasta dar forma a lo que hoy, después de mucho trabajo e ilusión, es.

¿Que si me arrepiento? Me despedí de La Pérouse, cuyo diario leí en francés, agradecida por haber conocido su apasionante historia, y habiendo aprendido muchísimo de su aventura, que acabó en tragedia, y en cuyos acontecimientos están inspiradas muchas escenas de Victory. De todos modos, que haya cambiado el curso del Victory, no significa que todo lo que hoy sé sobre La Pérouse haya caído en saco roto, porque hay algunos detalles de su periplo que dan para otra novela, y quién sabe, ahora que le estoy cogiendo el gusto al género...

Bien, pues hasta aquí este pequeño-gran detalle sobre «Victory, en algún lugar desconocido». Espero que te haya resultado tan apasionante como a mí.