• Maite R. Ochotorena

Bocaditos de Suspense: «Papá, qué es el Horror»



—Papá, qué es el horror... —Por qué me preguntas eso, eres muy chiquita para pensar en esas cosas, Bessie. Bessie se lo piensa un momento. Camina de la mano de su padre, aferrada a ella, grande y segura, y recuerda su experiencia de la noche pasada. Levanta los ojos y se fija en su padre, muy alto, seguro de sí mismo. —Creo que anoche me visitó el horror —asegura convencida. Sus rizos saltan mientras anda, caracolas rebeldes que su madre tarda horas en peinar. Su padre se detiene, y se agacha a su lado. Están frente a las puertas del colegio. —¿Quieres contármelo? —pregunta. Bessie se mira en sus ojos almendrados, siempre cariñosos cuando la miran a ella. Duda qué decir, porque no quiere asustarle. —Bessie, dime qué has visto. No estaré tranquilo si no me lo cuentas. Aun así, Bessie no se atreve a hablar. Alarga las dos manitas y coge la cara de su padre con suavidad. —No pasa nada papá. —Pero sí que pasa, Bessie, si hay algo asustándote por la noche, quiero saberlo. —¿Y qué harás cuando sepas qué es? —Sea lo que sea, haré que desaparezca. Bessie calla. —Pero no sé si es el horror, aún no me has explicado qué es. —Dime qué has visto y te diré si es el horror, cariño. La niña le dedica una larga mirada reflexiva, demasiado para una chiquilla de siete años. Su padre le ajusta las correas de la mochila con paciencia, seguro de que si le da tiempo, acabará por confesar lo que la asusta. Mientras tanto, la gente pasa junto a ellos de camino al colegio, una riada de abrigos, mochilas escolares, zapatos de tacón, maletines, carritos, prisas, risas y caramelos. Pero Bessie sólo piensa en el horror. El horror ha ido a visitarla por la noche. Puede que vuelva otra vez esa misma noche, cuando todos duerman y la casa se quede quieta. —Bessie... —La señora Herbut ha venido a verme —dice al fin. Su padre arquea las cejas, sorprendido. Tarda un poco en reaccionar. —Pero... la señora Herbut está muerta, Bessie. Murió la semana pasada, ¿no te acuerdas? —Ya lo sé. —Bueno, ¿te ha dicho algo? —pregunta su padre, ahora con ansiedad. Bessie niega con la cabeza. —No tiene boca —asegura. —No tiene boca... —No. No puede hablar, porque no tiene lengua. —Bessie, te... ¿hizo algo? Bessie asiente despacio. —Me dio un beso —susurra. Entonces su padre se relaja un tanto. Un beso, un beso no es algo peligroso. —...me quitó el corazón —susurra Bessie de nuevo. Entonces su padre la abraza, horrorizado... y al estrecharla, descubre que no puede sentir los latidos de su corazón. Agacha la cabeza y la apoya en su pecho. La oye respirar, pero nada más. No hay pulso, no hay nada, salvo su respiración. —¿Es eso el horror, papá?

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