• Maite R. Ochotorena

Relato: «El castigo»



Laramie quiere atraer la atención de Betsie, pero es la señora Barrotte la que lleva las riendas. En cuanto se da cuenta del gesto del chico, interpone su corpulenta figura entre él y la doncella.

A Laramie se le escapan las lágrimas.

—Quédate quieto —ordena la señora Barrotte. Desde dónde está Laramie, parece muy alta, aunque él sabe que no lo es tanto—. Si te veo moverte tendré que castigarte, y lo lamentarás.

Su tono es frío y desafiante. Barrotte está deseando que desobedezca. Laramie aprieta los puños y se obliga a permanecer inmóvil.

—Cierra la tapa y déjalo dentro unas horas. Así aprenderá —le dice a Betsie.

—...pero señora Barrotte, ¿no se enfadará la señora cuando vuelva?

—La señora Furiel ha sido muy clara respecto a la educación de su hijo. Severidad y disciplina. Me limito a seguir sus instrucciones.

—Pero meterlo en una caja tan pequeña...—gime Betsie.

Laramie reza para que la doncella se enfrente a la señora Barrotte, pero se la ve tan frágil...

—¿Vas a cuestionarme, Betsie?

El tono reprobatorio de Barrotte amedrenta a la pobre doncella, que agacha la cabeza y guarda silencio.

—Obedece.

Betsie agarra la pesada tapa de madera que descansa apoyada en la pared y se dispone a encerrar a Laramie. El chico ve cómo la oscuridad se cierne sobre él. Apenas tiene espacio para moverse. La caja donde se encuentra tumbado es como un ataúd infantil.

Escucha un «chack» seco cuando la doncella encaja la tapa en su lugar. Luego oye sus livianos pasos, y los más pesados de Barrotte alejándose, y la puerta del sótano al cerrarse con suavidad.

Ahora todo está en silencio, y Laramie solloza aterrado.

¿Cuánto tiempo pretende Barrote tenerle así? Y todo por robar de la despensa algunas de las galletas que la cocinera hizo la tarde anterior... No parece un castigo proporcional a su fechoría! No es justo, no es justo!! En cuanto regrese su madre, Laramie se lo contará todo.

Pero... ¿y si tarda en volver? La señora Furiel a veces pasa fuera varios días, sin previo aviso...

Laramie se revuelve un poco. Roza con las manos las paredes del cajón hermético donde está. Es estrecho y recio. ¿Cuánto aire tendrá?

No puede evitarlo, sólo es un niño! Solloza desconsolado y llama a gritos a Betsie. Su voz se ahoga en el reducido espacio dentro de la caja.

—¡¡Socorroooo!! Betsie, ¡¡por favor!! ¡¡¡Sácame de aquí!!!

Nada.

El silencio le asfixia casi tanto como su encierro.

Y entonces escucha algo. Algo que se mueve, o se arrastra por el suelo, fuera del cajón... alrededor.

Laramie escucha atentamente. Ratas? Imposible saberlo. Se le acelera el pulso y cesa de llorar al instante, más agobiado por esta nueva angustia que por su desmesurado castigo.

Oye claramente cómo algo pesado se arrastra a pequeños golpes, ssshhhrrr boffmmm ssshrrrr fffboommmm... tierra rasgada por un cuerpo sólido y denso... Laramie abre los ojos sin ver en la profunda oscuridad que consume su escaso espacio. Hay un breve silencio, y entonces la caja se bambolea. Algo trepa por ella, las tablas de la tapa se comban bajo el peso de algo grande.

Laramie empieza a respirar deprisa. ¿Qué puede hacer? ¡¡Está atrapado!!

Unas uñas largas y afiladas comienzan a arañar la madera, al principio despacio, luego con más fuerza. Algo olisquea la presencia de Laramie dentro del cajón. Huele a azufre y a heces... Esas uñas, fuertes como garras, escarban buscando abrirse paso a través de la tapa, y ahora Laramie desea que no pueda abrirla. De pronto el cajón es su única protección.

Las garras rasgan la madera, arrancando astillas, pero es el peso de esa mole hedionda lo que puede acabar por romper la tapa, cuyas tablas se comban más y más... Tanto que casi rozan el vientre de Laramie.

Un agujero se abre al cabo de un rato, y Laramie mira a través de él. No ve nada... Mira fijamente, mientras fuera la cosa se esmera en escarbar, ahora que ha logrado abrir una pequeña fisura en la madera.

Entonces salta una tabla, y otra, la tapa revienta.

La señora Barrotte, enorme y deforme, con los ojos sedientos y la boca desfigurada, se cierne sobre él...

Laramie aúlla, justo antes de que sus fauces negras se abran como un pozo sin fondo y se trague su voz, su cabeza, y todo su cuerpo.

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