• Maite R. Ochotorena

Bocaditos de Suspense: «Mañanas tristes...»



Las mañanas son tristes allí abajo, apenas se ve pasar a nadie y el zumbido de los coches se lleva otros sonidos más agradables.

Son las diez y aún espera un cambio.

—...señora Hortíguez, hoy no desayuna?

—No tengo hambre...

—Pero mujer —dice la enfermera con una sonrisa amigable—, si no ha comido nada desde ayer al mediodía...

La señora Hortíguez se encoge de hombros y el hastío asoma en su rostro cansado.

—Quiere que le traiga algo para entretenerse? Como ayer?

La señora Hortíguez lo medita un instante.

—...como ayer no. Aún me duelen las manos, no tengo fuerza suficiente en los dedos y tengo que apretar demasiado...

—...ay... si es que se lo tengo dicho! Tiene usted que ejercitarse más!!

—...ya, ya...

—Qué tal si le traigo uno más tierno?

—Ah! Pero tenéis?

No lo sabía, y una honda satisfacción comienza a llevarse su anterior melancolía. Tal vez esa mañana sea distinta.

—...claro... han llegado esta misma mañana. Quédese aquí que enseguida le traigo uno bien suave y tiernecito...

La enfermera desaparece y doña Hortíguez mira por la ventana esperanzada. Está alta y sólo puede ver los pies de los viandantes, las ruedas de las bicicletas, los bajos de los coches... Sonríe... Y si esta vez la enfermera tiene algo bueno de verdad?

Transcurren unos diez minutos antes de que la servicial muchacha regrese con su revuelo de bata de hospital y sus zuecos blancos. Tiene las mejillas encendidas y una expresión satisfecha. Sabe que ha acertado, incluso antes de que la señora Hortíguez vea lo que le ha traído.

—Aquí lo tiene. Lo ve?

Doña Hortíguez abre la boca y forma una “O” con los labios, sorprendida, gratamente sorprendida...

—Pero es...

—...todo para usted. Disfrútelo!

Empuja hacia ella un pequeño cachorro de ojos grandes y tiernos. Su pelaje de color canela es sedoso, sus orejas aún cuelgan sobre una adorable carita perruna y menea el rabito con docilidad.

Doña Hortíguez lo recoge del suelo y palpa su cuerpo cálido con las manos...

—...vaya... Sí que eres tierno...

Lo aprieta con sus manos llenas de artrosis y abre la boca. Tiene la dentadura postiza, pero aún puede morder, rasgar y chupar...

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