• Maite R. Ochotorena

Artículo: Analizando «Donde Habita el Miedo»


«Donde Habita el Miedo» es una obra muy especial para mí, porque de todas las que he escrito, tal vez sea la más sincera, y la más arriesgada también, por lo que cuento, y por cómo lo cuento.


Para los que aún no habéis leído esta obra, os diré que la historia se plantea en un lugar real, en un refugio de montaña, a ochocientos y pico metros de altitud. en plena naturaleza. Teresa Lasa, la protagonista, acaba de llegar a la que ha sido la borda familiar toda la vida, asentada en un entorno entrañable del que guarda recuerdos maravillosos. Por eso está allí, buscando algo de sí misma que perdió hace mucho, mucho tiempo. Sin embargo, el refugio no está como lo recordaba. Lleva demasiado tiempo cerrado, y como es lógico, la humedad y el abandono han hecho estragos, los ratones campan a sus anchas, y probablemente no haya agua corriente… ni luz. Y sin embargo Teresa ha llegado allí con toda la intención de quedarse; de hecho, lleva todas sus pertenencias a cuestas. ¿Por qué? Teresa llega huyendo del maltrato psicológico al que la somete su marido. Busca una salida, reencontrarse a sí misma.

Necesita tiempo para recomponerse, y un lugar donde esconderse.

Sobre el refugio, me he inspirado en el lugar donde crecí. Mis padres tenían montones de aquellas revistas de Reader Digest, con relatos de aventuras, y muchas, muchas novelas… Fue allí donde comenzó mi amor por la lectura, por escribir…

Siempre había querido ambientar alguna de mis novelas allí, como una manera de homenajear a mis padres y al regalo que me hicieron. La obra describe ese refugio tal cual es, exactamente. Incluso aparece la borda que hay camino abajo, la misma donde mis padres bajaban en verano a tomarse unas copas, «el pub» lo llamaban. Hay muchos, muchos guiños a mis propias experiencias. Por ejemplo, cuando Teresa recuerda el mal rato que pasó a su diez o doce años, en cierta ocasión en que, a su regreso de pasar el fin de semana en la borda, se ve acosada por un grupo de críos, todo por quedarse en el coche a esperar a que sus padres vuelvan después de tomarse algo en el bar de Brinkola. El respiradero del tren con sus más de doscientos metros de profundidad, el agujero natural con sus cincuenta y pico metros… Los desayunos maravillosos, los días de niebla, las nevadas…

No esperaba que la trama ambientada en este lugar fuera a ser una tan dramática y terrorífica, pero ahora me alegro. Porque el refugio resulta ser el mal y la cura al mismo tiempo, y no se me ocurre otro entorno mejor para lo que Teresa Lasa debe pasar. Mis recuerdos se los he prestado a ella, han sido mi regalo, para darle esperanza y algo positivo a lo que aferrarse.

Escribir sobre un miedo tan solitario y silencioso como el que habita a las víctimas del maltrato psicológico, ha sido una de las tareas más difíciles que he abordado. Más aún hacerlo a través del género de misterio, el suspense y el thriller psicológico.

«Donde Habita el Miedo» reúne todas las clases de miedo.

El más antiguo, el que nos acompaña desde que nacemos, el miedo natural a lo desconocido, ése que se transmite a través de los genes y subyace en nuestra memoria ancestral.

El que nos inculcan a través de la educación, de las leyendas, de la cultura, los cuentos y las canciones, los mitos y los rumores… ése que anida en nuestro fuero interno como si fuera nuestro, pero que nos es extraño y con el que, más o menos, hemos aprendido a convivir…

Y por último el miedo impuesto para doblegar, el más letal, el que se materializa en nuestra realidad para atraparnos en una cárcel sin barrotes.

Todos ellos hacen acto de presencia en esta obra a través de Teresa Lasa, y a su vez, ella se ve obligada a hacerles frente, cuando se cree absolutamente incapaz. Incluso se ve impulsada a superarlos. Es una cuestión de supervivencia, un mata o muere. Teresa se da cuenta, en cuanto se ve sola… de que no sólo es víctima de su marido, sino de sí misma también, y es esa certeza la que más asusta, cuando comprendes que en algún momento tomaste el testigo para infligirte el peor de los castigos, convirtiéndote en cómplice de tu maltratador.

Así empieza esta novela, con una Teresa deshecha, arruinada, incapaz de tomar decisiones, apocada por un miedo tan grande que supera su voluntad más allá de lo racional. Ella ya no se reconoce a sí misma, su verdadero «yo» lleva tanto tiempo enterrado en algún rincón de su alma, que se ha convertido en una sombra que pasa por la vida sin esperanza, sin consuelo, y sola, muy sola.


Y de eso va también esta novela, de la soledad de quienes sufren sin medida. Porque precisamente la soledad es el lugar donde se fraguan toda clase de miedos, es el lugar donde nuestra tortura se magnifica, donde la culpa se hace fuerte, la cárcel perfecta donde nos encierran quienes la construyen, en este caso Christian, el marido de Teresa. Esta novela va del modo en que ella, en esa soledad… se ha perdido el respeto a sí misma, y por tanto su libertad… Cuando olvidamos quiénes somos, cuando permitimos que nos digan lo que somos, lo que debemos ser... Cuando cedemos terreno a la manipulación y la culpa, es en ese momento cuando empezamos a perderlo todo.

Estamos ante una obra dura, como sólo puede serlo la que ahonda en el más profundo e íntimo rincón de nuestra psique, la que ahonda en el dolor de una mujer maltratada. Cuando empecé a escribirla no era consciente de lo que implicaba, de la magnitud de su significado, pero al poner el punto y final lo vi… y me asusté un poco, la verdad. No había escrito únicamente un thriller psicológico, una novela de suspense, de terror, como hago siempre… sino que había desbrozado el complicado mundo interior de quienes sufren maltrato psicológico, en este caso una mujer, Teresa Lasa. Y me di cuenta de que lo había hecho en forma de alegoría.

Describir las emociones, los miedos, la parálisis vital de quienes pasan por este tipo de circunstancias, no es sencillo. Mi empeño ha sido, desde la primera línea, ser capaz de transmitir una realidad tan dura y hacer que el lector acompañe a la protagonista hasta su mismo infierno. Porque quienes no hemos pasado por algo así, solemos mostrar compasión, pero también cierta dosis de incredulidad todavía; a veces nos cuesta entender. Por qué sigue con él, por qué permite que llegue a esos extremos, ¿no? Por qué… Los porqués se multiplican en nuestro juicio de valor, nos creemos con derecho a juzgar, a interpretar el comportamiento de las víctimas, y nos falta empatía para entender. Es imposible entender si no lo has vivido. Los porqués se multiplican a través de la culpa en la víctima de este tipo de violencia.

Pero… incluso en la más absoluta ceguera, a veces se enciende una luz. Esa luz en algunos casos suele llegar de la mano de la casualidad. Algún acontecimiento severo precipita que la víctima de maltrato se vea obligada a dar un paso en otra dirección distinta de la que lleva, y por tanto salga de ese círculo de oscuridad en el que está confinada. La víctima lo desea, desesperadamente; anhela algo… que la obligue a moverse, porque ella se cree incapaz de hacerlo por sí misma. Está tan esquilmada, que no le queda capacidad para hacer nada por sí misma, así que cree que su salvación sólo puede venir de fuera. Y digo «cree», porque realmente el primer paso lo debe dar ella, nadie más. Al final, la cobardía se transforma en valor, porque para escapar, hace falta valor, para denunciar, para decir basta, hace falta valor… Y para resistir también.

Teresa se busca a sí misma, por eso se planta frente al refugio, en plena montaña, en un lugar tan aislado. Porque allí fue feliz, allí, en el lugar donde fue más auténtica que en ninguna otra parte, puede tener una oportunidad, un punto de partida desde el cual cambiar las cosas. Sin embargo, no puede empezar de cero, porque la diferencia con cualquier otro tiempo pasado mejor, es que llega llena de lastre, con todo su miedo, con la culpa, con sus sombras. Puede huir de su marido, pero no de todo lo que él ha hecho, de la herida. Y aquí es donde empieza la alegoría, cuando se plantea la primera gran pregunta. ¿Es libre una víctima de maltrato cuando se distancia de su agresor? ¿Caen las barreras, realmente? ¿Cuánto tiempo pasa hasta que el miedo desaparece?

Alguien acostumbrado a cargar durante años con una piedra… sigue sintiendo mucho tiempo que carga con ella. Es como cuando nos amputan un brazo, o una pierna… Ese miembro de nuestro cuerpo ya no está, pero seguimos sintiendo dolor, nos parece que está ahí, nos pica, nos parece a veces que podemos mover los dedos, ¡pero no están! Y Teresa soporta una carga demasiado grande.

La alegoría, y el riesgo de esta historia, está en que todo, desde el enclave donde se desarrolla la trama, hasta los personajes, son un reflejo de su mundo interior. Nada ocurre porque sí y todo tiene su significado.

El refugio, su estado de abandono, su aislamiento, su soledad, son un reflejo del alma de Teresa. Las sombras que la acechan, son sus propios miedos, que lleva por dentro, y que trascienden la realidad… Y lo que le sucede simboliza el modo en que su marido ha estado avasallando todo lo que ella es, el modo intrusivo y despiadado con que se ha metido en su cabeza, en su corazón, y en su alma, arrebatándole cada sueño, cada esperanza, cada ilusión… Borrando sus pilares, minando su seguridad, adentrándose más y más en su alma a medida que ella va cediendo terreno, claudicando hasta un extremo inconcebible, cediendo todas sus defensas, expuesta absolutamente.


Los personajes que rodean a Teresa, que en esta ocasión no son muchos, (no es una novela coral), precisamente para remarcar su soledad, simbolizan la impotencia cuando descubren su realidad. Cómo se dan cuenta de lo que le pasa, y pese a todo no pueden ayudarla; se enfrentan a lo que es su maltratador, la corrupción del espíritu, el mal en sí mismo, pueden ver lo mismo que Teresa… pero sólo eso. Hay escenas que reflejan ese mal, con crudeza, escenas terroríficas, que trascienden la realidad, y que transmiten las carencias que todavía tiene esta sociedad en que vivimos para superar y proteger a las víctimas. Ocurren ciertas cosas en esta novela que quedan aparentemente sin explicación, pero que son en realidad el reflejo de la falta de recursos a la hora de enfrentar esta lacra. Hablando sobre todo de maltrato psicológico, muy muy difícil de probar… hablo de cómo, teniendo las evidencias, no se puede hacer nada… Los que me habéis leído sabéis que nunca dejo nada al azar. ¿Por qué iba a hacerlo ahora? ¿Porque estaba cansada o porque he bajado la guardia? No, hay algunos cabos sueltos que no son tales, son mi forma de vapulear nuestras conciencias para hacer ver nuestra incapacidad para ayudar realmente a personas como Teresa Lasa. Aún hay mucho que hacer en este terreno.

También quería hacer ver que la que realmente puede hacer algo, es la propia Teresa. Ella, aun creyéndose vencida, tiene el poder de superar sus miedos, de enfrentarse a ellos, y preservar su tesoro más valioso, su alma, esa parte pura que él aún no ha logrado encontrar. Ella la ha enterrado tan hondo para que él no logre destruirla del todo. Se pasa la novela protegiéndose a sí misma, en realidad.

«Donde Habita el Miedo» es un viaje hacia las profundidades de una mujer que lucha por desprenderse de las cadenas que la atan en la oscuridad, y que al final entiende que esa parte del viaje debe hacerla por sí misma.

Todo esto a través de una trama, como siempre, de intriga apabullante, que no da respiro, en la que intervienen acontecimientos del más puro género de suspense y terror. Cuando Teresa llega al refugio y se entierra en él, es una pareja de ertzaintzas, de estos que hacen la ronda por los valles, la que la saca de su estado de absoluta derrota y abandono. Al verla sola en un lugar tan aislado y en semejantes condiciones, lógicamente se preocupan, y le advierten de que hay una oleada de robos en la zona, de gente que se dedica a saquear las bordas, y no saben qué clase de personas son. Su obligación es advertirla, pero Teresa está tan desesperada, que se empeña en permanecer allí, y eso que lleva ya unos días viendo, sintiendo y escuchando cosas que no puede explicar…

Y de trasfondo, un mensaje.

No puedo contar más sin desvelar los pilares de esta novela. Te animo a leerla, tal vez encuentres respuestas, tal vez esperanza... Léela, y descubre su mensaje.

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