• Maite R. Ochotorena

La inquietante Margarita Clarín


La realidad de un personaje aún por descubrir

Muchas son las personas que me han preguntado por este personaje, uno de los más difíciles de retratar de cuantos he creado para mis obras literarias. Precisamente por ser real, muy real, en su fondo y en su forma, aunque la mujer que le dio vida nunca traspasara ciertos límites.

Margarita Clarín, madre y abuela en la novela «El Destino de Ana H. Murria», es una mujer enigmática cuyos motivos quedan sin esclarecer, salvo si los explicamos con un cierto tono de locura. ¿Es locura ser un psicópata? ¿Es enfermedad? ¿Es un trastorno? No es fácil decirlo de este personaje, yo nunca tuve las respuestas, ni nadie de quienes vivieron a su alrededor. Desentrañar sus porqués resultará un juego de imaginación y cordura aplicadas uno y otra a la sinrazón más absoluta, más allá de la envidia, las ansias de ser algo más, de no conformarse con el rol que le tocó vivir, alejada de sus ansias de aparentar ser mucho más de lo que era.


La mujer real amaba el terror, la intriga, leía novelas de suspense con fruición, se emocionaba con el cine más brutal y se embelesaba con las escenas donde el ser humano sufría o daba rienda suelta a su lado más oscuro. Como madre era intransigente, déspota, estaba dotada de una moral rancia y anticuada, y gustaba de contar a sus hijas, y después a sus nietas, historias inventadas para infundirles temor: ella era capaz de atravesar las paredes abandonando su cuerpo para pasearse por la casa en su forma astral, ella tenía un libro de conjuros con el que podía lograr casi cualquier cosa… La violencia formaba parte de su forma de ser, de forma natural, no dudaba en ahogar una camada de cachorros, y al mismo tiempo le gustaba la compañía de los animales… no dudaba en golpear con la escoba en la cabeza a su nieto de ocho años, para impedirle salir de casa a jugar con sus amigos…

«Entonces oyó unos pasos livianos por el pasillo, que se acercaban muy despacio. Se sobresaltó. Asustada, sacó la cabeza y miró en la oscuridad sin ver nada. Al principio creyó que era su imaginación, que le estaba jugando una mala pasada, pero no, aquellos pasos sonaban claramente al otro lado de la puerta. Eran unos pies descalzos pisando sobre el suelo de madera con sigilo. El miedo inundó su pecho. Quiso gritar, pero no le salió la voz; tenía la garganta cerrada por el pánico. Aquellos pasos furtivos continuaron hasta detenerse junto a su puerta. Escuchó un ruido, como si unas uñas largas la arañaran de arriba a abajo, despacio, muy despacio, al tiempo que un gruñido gutural rasgaba el silencio. A la pequeña le faltó el aire. Su madre estaba a punto de entrar en su habitación. Ni su hermana ni su padre podrían oír nada de aquello…»

¿Quién era Margarita Clarín y por qué era así?

No tengo respuestas, salvo que estaba trastornada.

Sin embargo, me reservo la posibilidad de escribir una precuela a «El Destino de Ana H. Murria», para darle espacio y lugar a su personalidad y así, tal vez, buscar respuestas a su enigmática personalidad.

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